Introducción
Durante
el verano de 1995, junto a 24 profesores universitarios
de Estados Unidos, tuve la oportunidad de participar
en un Instituto de Verano auspiciado por el National-
Endowment for the Humanities (NEH)
y patrocinado por The Community College-
Humanities Association. El tópico central
de estudio fue Centro y Periferia en Nueva-
España: -Culturas
-Indígenas
-en --México
-y-
Nuevo México (CPNS-95).
Así, entre el 4 y 25 de julio viajamos a Ciudad
de México y luego, entre el 26 de junio y el
14 de julio a la ciudad de Albuquerque, Nuevo México
para, de acuerdo al programa, estudiar con una
docena de expertos conocidos internacionalmente en las
áreas de la historia de las culturas precolombinas
de España, México y el suroeste de Estados
Unidos
.
El
objetivo del CPNS-95, de acuerdo
al programa --citado,
--consistía
--en
--atraer
la atención de los participantes acerca de la
interpretación de los eventos y documentos asociados
con los viajes de Colón y el encuentro
(énfasis en el documento) consiguiente de los
europeos, africanos y los indígenas de las Américas.
El Instituto se proponía como meta capacitar
a los académicos participantes para proporcionarles
nuevos elementos para trabajar interdisciplinariamente
en el tema del encuentro (énfasis agregado)
y sus textos claves, para incorporar una comprensión
más rica de las diversas realidades culturales
de este período en -su
-enseñanza, -preparación
de currículo y escolaridad de estos temas. (Ibíd.)
Finalmente el programa indicaba que:
.
. . la premisa intelectual del Instituto era que el
encuentro precolombino/europeo ha sido decisivo
en la generación de una nueva -identidad
-y -carácter
-de las civilizaciones
y culturas en las Américas. Ellos sirven de
paradigmas para la dinámica del encuentro
de otros (énfasis en el documento), estudio
de casos, los encuentros que continúan y la
interacción de las culturas y subculturas --en
---las
--Américas
y cualquier parte del mundo (Ibídem).
El
objetivo central de este trabajo es discutir algunos
de los temas e interpretaciones analíticas utilizados
durante este programa, y que en términos generales
representan el enfoque tradicional de los estudios e
interpretaciones acerca de América Latina por
parte de la academia norteamericana. Desde esta perspectiva
es posible señalar que las conclusiones de muchos
de estos trabajos son neocolonialistas, ingenuos e inconsistentes,
debido a que los enfoques teórico-metodológicos
utilizados son notoriamente etnocéntricos. Las
consecuencias son lamentables, especialmente al nivel
político, debido a que bajo dichos parámetros
conceptuales y analíticos no es posible lograr
un entendimiento global de América Latina, ni
mucho menos desarrollar modelos y alternativas diferentes
a las impuestas en el pasado por los países más
avanzados del Primer Mundo. En ellos predominan interpretaciones
románticas, idealistas, ingenuas y distorsionadas
del pasado, desasociadas del presente y más preocupante,
del futuro.
En
las páginas que siguen me propongo discutir algunos
de los aspectos más controvertidos de este llamado
encuentro cultural. Entre los más urgentes quisiera
mencionar problemas teórico-metodológicos,
históricos, sociológicos y políticos.
En
aras de establecer una necesaria y urgente discusión
de estos y otros temas dentro del campo de las ciencias
sociales, nuestro trabajo pretende sugerir que no es
posible construir el futuro, ni muchos menos hablar
de un encuentro cultural y económico en la región,
repitiendo los errores u omisiones interpretativas del
pasado por parte de las naciones desarrolladas. Enfoques
basados en corrientes empiristas o neopisitivistas no
son las categorías más apropiadas para
dar cuenta de la compleja realidad de América
Latina y su inserción histórica en el
orden internacional. De ahí que el primer paso
sea discutir el rol de las herramientas analíticas
y metodológicas para entender la complejidad
de la realidad histórica latinoamericana y sus
manifestaciones sociales, políticas y económicas.
La
Teoría
¿Qué
es un análisis histórico-social?
Esta pregunta tan amplia encierra una variedad de problemas
teóricos y metodológicos difíciles
de resolver debido a la carencia de explicaciones sistemáticas
y organizadas. Sin embargo dichos análisis comenzaron
a multiplicarse rápidamente en -América
-Latina a partir de la
década de los sesenta. Tres factores explican
esta situación.
El
primero fue el triunfo de la Revolución Cubana
y sus consecuencias para el resto del continente, otorgándole
al marxismo un pasaporte académico que permitió
iniciar una serie de estudios en universidades, institutos,
iglesias y organizaciones políticas al calor
de dicha corriente interpretativa.
En
segundo lugar, y estrechamente vinculado con el punto
anterior, estuvieron las propuestas de cambios socio-políticos
y económicos de corte socialista o reformistas
avanzados, iniciados en la región durante este
período. Ellos coinciden con los esfuerzos de
EE.UU. y gobiernos locales para impedir la consolidación
y proliferación de dichos proyectos, tal como
venía ocurriendo en Cuba.
Como
resultado de los dos puntos anteriores, el otro elemento
que aceleró el desarrollo analítico de
las disciplinas sociales fue el inicio de acciones revolucionarias
directas, desarrolladas en la región a partir
de los sesenta por parte de organizaciones y movimientos
inspirados en la Revolución Cubana.
De
cualquier forma, la proliferación de los análisis
no necesariamente coincidieron o se llevaron a cabo
sin enfrentar diferencias notorias entre sí.
En efecto, dichos estudios fueron elaborados desde diversas
perspectivas metodológicas, incluso cuando se
partía de la misma base teórica como era
el marxismo. Las formulaciones y conclusiones de estos
estudios generaron polémica y resultados bastante
peculiares, que pueden resumirse como sigue.
Un
primer tipo de investigación social opera bajo
la creencia de que los análisis históricos-políticos-sociales-económicos,
son el resultado de una exhaustiva recopilación
de información y ordenamiento de datos empíricos.
De esta manera se excluyen los elementos teóricos
que permiten interpretar la información obtenida
y a la vez, descubrir las tendencias que se reflejan
más allá de lo que sugieren las cifras
y datos procesados. En ciertas ocasiones dichas tendencias
empíricas eran acompañadas por algunas
explicaciones teóricas que, sin embargo, ni siquiera
alcanzan a rebasar los aspectos más inmediatos
de un fenómeno social concreto sometido a estudio.
Esto ocurre generalmente con los análisis histórico-sociales
desarrollados bajo el paradigma de la teoría
estructural-funcionalista, tal como veremos más
adelante.
Un
segundo tipo de estudios se caracterizan por la falta
de conexión entre el análisis teórico
y la información obtenida a través del
procesamiento de los datos. Así encontramos que
los elementos teóricos utilizados no logran establecer
una relación con los diversos aspectos de la
realidad que intentan dar cuenta. De este modo la teoría
y la realidad marchan en forma paralela, separadas entre
sí por más que se intente ponerlas juntas
en el reporte final, informe o libro. Esta tendencia
también es muy común en los estudios estructuralistas
y neopositivistas.
Finalmente
encontramos estudios cuyo factor predominante es la
indeterminación del elemento tiempo en los fenómenos
sociales que están siendo analizados. Aquí
se producen dos tipos de situaciones extremas:
a) Trabajos que no consideran los cortes históricos-sociales-políticos-económicos
en que se está trabajando, asumiendo que éstos
son simplemente el resultado de la sumatoria de una
serie de eventos. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se
habla del capitalismo y sus efectos en América
Latina, sin referirse a un período histórico
específico para diferenciar o comparar sus diversas
modalidades productivas. Si tomamos el caso de la producción
esclavista introducida agresivamente por los países
colonialistas europeos y más tarde combatida
tenazmente por algunos de ellos, veremos que dichos
cambios sólo pueden entenderse a la luz del estudio
de las diversas necesidades productivas en Europa y
sus efectos en el mundo Colonial. Estas no ocurren por
sí solas y por -el
-contrario, --presentan
-características
y modalidades que difieren substancialmente de un período
a otro o se gestan en otros momentos.
b) La otra característica consiste en introducir
cortes histórico-sociales concentrándose
en uno en particular, enfocándose a un solo aspecto,
desligado del resto de los elementos que los componen
y se relacionan con ellos. Por ejemplo, el estudio detallado,
en una forma pura, de los estilos barrocos en
la construcción de los templos coloniales en
lo que hoy constituye la ciudad de México, sin
considerar los factores ideológicos, religiosos,
culturales o económicos que motivaron dicho tipo
de construcciones.
La
aproximación general de la mayoría de
los análisis acerca de España y de la
Nueva España entre el siglo XIV
y XVI, realizados durante el CPNS-95,
fueron marcadamente notorios por este tipo de elementos.
Esta característica, propia de las interpretaciones
estructuralistas y neopositivistas, en nuestra opinión
impidieron analizar dichos períodos y procesos
de una forma adecuada. Las limitaciones propias de estas
corrientes analíticas, más que explicar
y evaluar una situación observada, tiende a justificar
lo ocurrido en aras de una funcionalidad social y a
ocultar las necesidades e intentos de cambio social.
Observemos esta situación con mayor detalle.
El
Estructuralismo
El
paradigma estructural-funcionalista
es un marco teórico que describe a la sociedad
como un sistema compuesto por varias partes o segmentos
bien integrados, que operan interrelacionados entre
sí, realizando una contribución positiva
para asegurar su mantenimiento -como
-un -todo.
--Tal
-como su nombre lo indica,
esta formulación teórica cuenta con dos
componentes:
Primero,
la estructura social, entendida como patrones
relativamente estables de conducta social que perduran
en el tiempo, externos a los individuos y que influencian
las conductas de las personas, permitiendo que la sociedad
cambie de una manera ordenada (Gilbert:1997:38). Las
estructuras sociales más importantes son la familia,
la religión, la política, la escuela,
las organizaciones formales el Estado y la burocracia,
por ejemplo y el sistema económico. Ellas
constituyen los componentes principales de la sociedad.
Segundo,
cada uno de los elementos de la estructura social cumplen
diferentes funciones-
sociales, las cuales operan con su propia dinámica
pero interconectadas entre sí, permitiendo de
este modo mantener a la sociedad viva, como sistema
(Macionis:1987:16).
En
el terreno de la historia y la ciencia política,
el paradigma sociológico estructural-funcionalista
ha sido ampliamente utilizado por la academia norteamericana
como un referente descriptivo y de ordenamiento, particularmente
en análisis comparativos. Sin embargo este paradigma
teórico presenta debilidades analíticas,
las cuales pueden resumirse como siguen:
Tendencia
a asumir que cualquier factor o elemento social debe
o debería existir porque son funcionales al sistema.
De esta manera se ignoran otras posibilidades que podrían
tener diferentes connotaciones e incluso consecuencias.
Ignora
el rol que juega el poder económico, político
o social de los miembros de una sociedad en la
creación y preservación del orden social.
Como
consecuencia de lo anterior es incapaz de explicar el
cambio social, salvo como algo disfuncional o como resultado
de factores e influencias provenientes desde afuera
del sistema
.
Una
tendencia incluso obsesiva de esta corriente analítica,
consiste en tomar la totalidad del colectivo social,
desglosarlo en partes, y concentrarse en el estudio
detallado de algunos de sus aspectos. Esta situación,
que podríamos designar peroyativamente como metodología
del salami, conduce a que una vez introducidos
dichos cortes, especialmente los de tipo histórico,
se pierda la relación con el contexto global
en que estos ocurren. Como justificación se argumenta
que el corte o segmento, aún corresponde -al
-mismo proceso o porción
del salami, pero que ahora nos permite concentrarnos
en el estudio detallado de algunos momentos o aspecto
particular que nos interesa. Por esta razón es
común que a través de este tipo de análisis
se enfaticen las expresiones artísticas de los
mayas o los aztecas en el siglo XV
o XVI, totalmente desconectadas
de sus aspectos centrales tales como la producción
y sus correspondientes sistemas sociales y políticos;
pero más importante, su conexión pasado-presente-futuro.
Las
ciencias sociales y en el caso particular la arqueología,
la antropología y la historia se preocupan
del conocimiento del desarrollo de los fenómenos
sociales en su globalidad. Por esta razón, sus
enfoques analíticos no pueden concentrarse solamente
en el estudio de pueblos muertos o desaparecidos.
Más bien se trata de disciplinas que buscan el
conocimiento de las transformaciones materiales de las
sociedades del pasado. De este modo, por ejemplo, la
correspondencia de las categorías del concepto
cultura, entendida como un-
conjunto de creencias, valores, conductas, y-
elementos materiales compartidas por grupos-
de individuos, son muy importantes desde el punto
de vista teórico-metodológico. En efecto,
dichas disciplinas llevan a cabo sus observaciones basadas,
fundamentalmente, en las formas culturales de una sociedad.
La antropología, por ejemplo, sin hacer distinciones
entre sus -diferentes -disciplinas
antropología social, sociocultural, etnología,
folclor, en realidad se han dedicado al estudio
de los pueblos vivos y su conexión con el pasado.
Lo mismo podemos afirmar acerca del resto de las disciplinas
sociales, especialmente la sociología.
La
Metodología
Una
característica de moda en muchos trabajos académicos
de corte histórico social, es la aplicación
de una metodología de corte paparazzo.
Es decir, recolectar datos e información, identificar
elementos, anécdotas y situaciones espectaculares
para ilustrar la situación sometida a estudio.
Esta fórmula, ampliamente utilizada por los periódicos
y revistas sensacionalistas de Estados Unidos, consiste
en una legión de periodistas, fotógrafos
y reporteros que circulan alrededor de las estrellas
de cine, cantantes, políticos y celebridades,
con el fin de captar el último escándalo
político o sexual (Bill Clinton y Mónica
Lewinsky), pornografía (Madona desnuda), divorcios
o matrimonios (Elizabeth Taylor), incesto (Woody Allen)
o crímenes (el juicio al futbolista negro O.
J. Simpson), de una manera exclusiva. Una vez obtenida
la información sensacionalista el paparazzo
dueño de la primicia, obtendrá una jugosa
compensación económica por concepto de
ventas de dicho material, junto al prestigio y la fama
que suelen seguir a los personajes que operan en estos
círculos de la prensa norteamericana y -mundial.
-La -meta
-final del -paparazzo
es publicar un libro, vender millones de copias para
terminar en la pantalla del cine y el home video
vía Hollywood.
La
poderosa influencia de los medios de comunicación
de masas en la sociedad norteamericana y su cada vez
más evidente carácter empresarial, también
han impactado a las ciencias sociales. Sin pretender
negar u omitir la seriedad y excelencia académica
de muchísimos investigadores y profesores que
laboran en diferentes universidades de ese país
en el área de las ciencias sociales, no es menos
cierto que un significativo número de ellos han
optado por la misma modalidad paparazzo en sus
análisis. Por ejemplo, una vez introducido un
corte histórico en un proceso social cualquiera,
el investigador se concentra en recopilar una serie
de elementos espectaculares que le permitan preparar
una publicación para atraer la atención
de los posibles lectores, de modo que la obra final
se transforme en un -bestseller
-académico -que
se proyecte al mercado vía conferencias,
invitaciones para hablar sobre el tema, artículos
para diarios y revistas, consultor, etc. interpretaciones
psicológicas, emocionales, individualistas, la
mayoría de las veces irrelevantes al estudio,
constituyen la tónica de la presentación
de este tipo de discurso o trabajos
.
En
el proceso de precisar qué es un análisis
histórico-social y cómo realizarlo, nos
enfrenta a dos grandes problemas. El primero se refiere
a los niveles de abstracción, desde el
que se analiza la sociedad y la historia. En este caso
debemos tener presente que el estudio de la sociedad
puede y debe realizarse a través de diversos
niveles de abstracción. Señalemos los
más importantes.
La
realidad puede ser analizada a partir de elementos simples
que buscan reconstruir al nivel del conocimiento, una
explicación de sus fluctuaciones y articulaciones
fundamentales. En otras palabras, es un esfuerzo por
aprender la totalidad de la realidad y su dinámica.
Los
niveles de análisis menos abstractos incluyen
una mayor cantidad de elementos de la realidad, enfrentándonos
a una totalidad cada vez más compleja, la cual
requiere ser sintetizada en sus múltiples aspectos.
Cada
nivel de análisis requiere de formulaciones teóricas
específicas, ya sea redefiniéndo y a la
vez, desarrollando cuerpos teóricos más
generales y abstractos.
El
segundo elemento incluye el establecimiento de períodos
de los procesos sociales sometidos a estudio. Este aspecto
de la investigación guarda una relación
directa con la necesidad de determinar criterios teóricos
y metodológicos que permitan introducir cortes
en los procesos históricos, con el objetivo de
constituir unidades particulares de análisis,
evitando de este modo caer en la metodología
del salami ya mencionada.
Sin
lugar a dudas existen diferentes marcos teóricos
de referencia para realizar los estudios sociales. Sin
embargo el problema reside en evaluar las posibilidades
que dichas teorías tienen para proporcionar una
metodología que permita una aproximación
más o menos ajustada al objeto de estudio. Sin
negar la enorme importancia de los elementos y procesos
que ocurren y desarrollan al nivel de la superestructura,
tales como la ideología, conciencia de clase,
creencias, valores y otros elementos, cualquier análisis
social serio debe plantearse, en primera instancia,
las formas en que los miembros de una sociedad tienen
puestos los pies en la tierra. Incuestionablemente los
seres humanos se organizan alrededor de los procesos
productivos de sus sociedades.
Así, por ejemplo, entender la categoría
de cultura desde el paradigma del materialismo histórico
abarca dos aspectos; uno de ellos se refiere a la investigación
científica, en donde la misma definición
del concepto de cultura permita la implementación
de una metodología congruente para las disciplinas
de las ciencias sociales, que se ocupan del estudio
de este aspecto de la sociedad. -El
-otro -elemento
se refiere a la instrumentalización del conocimiento
así obtenido, lo que posibilita el análisis
de las particularidades de los procesos sociales a través
de sus diversas etapas transformativas, enriqueciendo
el manejo de las relaciones fundamentales que operan
en todo hecho histórico
.
Resumiendo,
digamos que el conocimiento de la realidad ya
sea bajo la forma de historia, arqueología o
cualquier otra disciplina social es un verdadero
descubrimiento y no la aceptación de lo primero
que se nos presenta cada vez que abrimos la ventana
para mirar lo que hay afuera. En otras palabras,
el conocimiento es un esfuerzo de creación por
parte del investigador. Lo anterior nos indica que en
materia de conocimiento la realidad no se presenta por
sí sola, siendo necesario interrogarla.
Sin embargo, una vez que ésta se hace presente
al investigador, lo realiza de una manera distorsionada,
confusa y cambiante. Por esta razón, para interrogarla
adecuadamente se requiere de categorías y conceptos,
organizados y jerarquizados, los cuales dan origen a
los planteamientos teóricos. La ingenuidad académica
de estudiar la realidad sin una base teórico-metodológica,
conducirá al investigador a obtener solamente
respuestas obvias, pintorescas, anecdóticas y
tergiversadas el típico paparazzo-
intelectual.
Los
Conceptos
Muy
pocos discutirán a esta altura, que una de las
premisas elementales en un estudio científico
serio comienza con una rigurosa definición de
los conceptos y las categorías utilizadas, para
dar cuenta del proceso social que el investigador intenta
analizar. Recordemos que un concepto es una idea
abstracta que representa un aspecto del mundo social
de una manera ideal y simplificada clase social,
religión, conciencia social, por ejemplo.
Los conceptos tienen un valor que puede variar de caso
en caso, tal como ocurre con los precios de los diferentes
ítems de un supermercado. Los cientistas sociales
utilizan el término variable para indicar
que un concepto tiene una significación diferente
de un caso a otro, una situación que permite
medir, es decir, determinar el valor de una variable
en un caso dado. Sin embargo no todas las variables
son fácilmente medibles, requiriendo que éstas
sean operacionalizadas a fin de cumplir las funciones
para las cuales fueron creadas por el investigador (Macionis,
op. cit., 33).
De
acuerdo con nuestro ejemplo anterior, supongamos que
definimos las categorías del concepto cultura
como el conjunto de formas y elementos singulares
que presentan los diferentes hechos sociales que ocurren
en una sociedad como resultado de la búsqueda
de soluciones históricas a sus problemas generales
concretos de desarrollo. Dichos problemas concretos
de una formación económico-social los
cuales ocurren debido a la acción transformadora
de la naturaleza por parte de la sociedad contienen
los elementos fundamentales que corresponden a las diversas
formas de cultura. En otras palabras, toda sociedad
adquiere una expresión concreta bajo la forma
de cultura.
La
forma cultural es la expresión concreta del ser
y su forma social en cada grupo humano y, en general,
en cada sociedad. Las modalidades particulares de una
cultura se manifiestan a todo nivel: desde el comportamiento
de los individuos y el resultado de sus acciones concretas,
hasta la valorización que el resto de la sociedad
y sus organismos reguladores tienen de dichos comportamientos.
De ahí que las manifestaciones culturales compartidas
socialmente no sólo son reflejo de la esfera
ideológica e institucional, sino que también
se presentan y originan en la práctica concreta
de los individuos, cuyas acciones fundamentales se realizan
a través de las relaciones que generan entre
sí en un sistema productivo.
La
sociedad es un fenómeno único, siendo
por lo tanto muy difícil separar sus diferentes
aspectos. Sin embargo, metodológicamente, para
efectos de investigación, es posible abstraer
algunas de las categorías del fenómeno
que se desea estudiar. Lo anterior, sin embargo, requiere
una explicación acabada y rigurosa por parte
del investigador, en aras de la comprensión y
evaluación de los resultados obtenidos que, al
ser parte del análisis social, están sujetos
a la evaluación, escrutinio y crítica
de otros investigadores y cientistas sociales
.
Los
conceptos, es decir, nuestras herramientas esenciales
del trabajo investigativo, también pueden utilizarse
para manipular la realidad a través de una serie
de maromas- epistemológicas,
de acuerdo a los intereses de los grupos sociales dominantes
de una sociedad. La deformación ideológica
e interpretativa de la realidad, niega, oculta, confunde
o tergiversa las relaciones objetivas de los fenómenos
sociales y culturales que rigen y explican el funcionamiento
de una sociedad.
En
el caso de CPNS-95, los conceptos
centro y periferia que se proponen como
elementos centrales para el análisis de Europa
y la región denominada como Nueva España
entre los siglos XIV y XVI,
no aparecen claramente definidos y en algunos casos
la paternidad le fue atribuida erróneamente
a Wallerstein (1988)- probablemente porque fue el primero
que lo utilizó en Inglés. Lo europeo corresponde
al centro mientras que la Nueva España es la
periferia. Ambos conceptos, sin embargo, parecen
no ser tan rígidos debido a que los ponentes
anglos también los utilizaron para referirse
a la relación entre Ciudad de México y
los territorios que hoy día forman parte de Nuevo
México. En ese sentido todas las regiones en
donde se centraliza el poder de los conquistadores también
pasan a ser centros y aquellas sujetas a su control
son a su vez periferias. Entonces tenemos una
forma de reacción en cadena de centros y periferias,
de una manera piramidal, sin que nos permitan distinguir
las singularidades de los procesos culturales en relación
a sus sociedades, y quizá lo más importante,
su integración en el orden económico mundial
.
La
Sociedad Como
Proceso Histórico
La
historicidad de los procesos sociales ha pasado a constituir
uno de los elementos principales de los estudios de
la realidad latinoamericana, pudiendo señalarse
tres aspectos centrales en el proceso de historizar
el conocimiento.
1) Tanto los conceptos como las formulaciones teóricas
que se originan a partir de ellos para dar cuenta de
la realidad, son limitados o cambiables, debido a que
corresponden a momentos históricos particulares.
Por esta razón -puede
-ocurrir -que
-dichos -conceptos
o formulaciones teóricas sean reformuladas o
simplemente dejadas de lado en la medida que nuevos
elementos científicos se incorporan al análisis.
2) Otro aspecto en la tarea de historizar el
conocimiento implica entender a los procesos y organizaciones
sociales como elementos cambiables, en continuo movimiento,
como un proceso. Es decir, se gestan, nacen, se desarrollan
y finalmente desaparecen, en la misma forma que ocurre
con un ser humano. Lo importante entonces es identificar
la etapa correspondiente del proceso en estudio para
dar cuenta de sus características. De este modo,
lo único permanente en los procesos históricos
es el cambio. Por ejemplo, parte importante de la polémica
entre un gran número de cientistas sociales de
América Latina con los economistas neoliberales
y neopositivistas del Primer Mundo, consiste en criticar
la falta de historicidad en sus análisis, los
cuales presentan los movimientos de la economía
mundial como simples modalidades de producción
o de mercado, totalmente separados de los procesos políticos
y sociales en que se generan y desarrollan.
3) El otorgarle un carácter histórico
al estudio del conocimiento tiene un significado que
no puede ser dejado de lado por el investigador social.
Por el contrario, a través de este proceso es
posible descubrir nuevos elementos o aspectos fundamentales
que permiten comprender el presente como las tendencias
futuras del fenómeno social en estudio. Si nos
preocupa el estudio del centro y la periferia,
por ejemplo, debemos considerar las regiones que los
conforman, sus características y diferencias,
los sectores sociales que participan, sus orígenes
como clase social y sus relaciones con los sectores
productivos, tradiciones culturales e ideológicas,
estructuras sociales, políticas y religiosas,
entre otras. En resumen, se debe abordar el tema como
un proceso en formación. Lo anterior evita que
nos quedemos atrapados en simplismos teóricos
en donde los conceptos generales se convierten en situaciones
abstractas y vacías de contenidos concretos al
no incluir las características específicas
y relevantes del objeto que vamos a estudiar la hispanidad,
por ejemplo. En otras palabras, no existen verdades
abstractas; la realidad nos muestra que estas son siempre
concretas.
A
partir de esta situación, digamos que la simple
recopilación de datos históricos sobre
un conquistador, un pueblo o una clase social, no es
suficiente para alcanzar su conocimiento si dichos datos
no están vinculados entre sí con el resto
de la totalidad social. Así, el centro
y la periferia no sólo serán vistos
como dos regiones geográficas diferentes, al
mismo tiempo se podrán observar sus relaciones
económicas, políticas y sociales con el
Estado y otras organizaciones formales tanto en España
como en la Nueva España, etc. esto no significa
sostener que cada investigador tenga que estudiar cada
uno de los elementos de la totalidad social, que se
relacionan con el tema de nuestro estudio para evitar
que el resultado de su trabajo sea considerado como
no científico. Sin embargo, ciertos elementos
como la economía, el Estado u otros, pueden ser
recolectados de otros estudios y conectados con los
objetos específicos que estamos analizando.
Ahora
bien, los enfoques y paradigmas teóricos disponibles
a los investigadores para explicar las sociedades, sus
estructuras, dinámicas y modificaciones, son
muy variados. Frente a esta diversidad de alternativas
teóricas es necesario decidir acerca del modelo
a elegir en el esfuerzo por conocer un determinado proceso
histórico-social. Sin embargo, no todos los modelos
teóricos permiten explicar con la misma exactitud,
calidad y cantidad los fenómenos y hechos sociales
de una sociedad. En este sentido existen formulaciones
teóricas que amplían el campo de estudio,
permitiéndonos, de este modo, profundizar en
las raíces de los procesos que estamos analizando.
Lo
anterior significa establecer jerarquizaciones en las
diferentes corrientes teóricas, situación
que también nos permite entender que desde ellas
se pueden alcanzar niveles de conocimiento. A partir
de un análisis empírico de una sociedad
es posible recopilar una serie de datos acerca de ciertos
aspectos de la misma, por ejemplo, un censo de
población en una región o década
determinada. Ahora bien, si el estudio se detiene
en ese nivel, sin lugar a dudas obtendremos un conocimiento
parcial y limitado, pudiendo ser enriquecido sólo
en la medida que combinamos o comparamos dichos datos
o información censal empírica con los
movimientos sociales de la población, sus crisis
y conflictos, avances, estagnación y desarrollo.
Es aquí donde algunas interpretaciones teóricas,
tales como el funcionalismo estructural, comienzan a
mostrar sus debilidades debido a que en su aplicación
conceptual y metodológica no incluyen o prestan
muy poca atención a este tipo de categorías
analíticas, especialmente en lo referente a cambio
social. Lo mismo ocurre con algunas formulaciones weberianas,
basadas en modelos ideales, es decir, una separación
absoluta de la realidad y la creación de articulaciones
teóricas, intentan someter los procesos histórico-sociales
concretos a los parámetros de un marco referencial
construido idealmente por el investigador
.
Por
estas razones no es extraño observar la rápida
importancia adquirida por los estudios del marxismo
en América Latina entre la década de los
sesenta y los ochenta, incluyendo a sectores no marxistas,
como iglesias, gobiernos y políticos, quienes
recurrían a las categorías y conceptos
de esta disciplina en sus estudios. Sin lugar a dudas,
esta corriente analítica fue y continúa
siendo ampliamente utilizada en los estudios sociales
por una serie de ventajas operativas y, más importante,
explicativas, que ocurren en el continente y su inserción
en el capitalismo mundial
.
Finalmente,
sostengamos que si bien es cierto que las diversas corrientes
teóricas, de una manera u otra permiten aproximarnos
a algún tipo de conocimiento de la realidad,
no es menos cierto que constituye un serio peligro el
mezclar categorías y conceptos de diversas fuentes
bajo la errónea creencia de llenar ciertos vacíos
y enriquecer los marcos teóricos de la investigación.
Esta corriente a veces muy frecuente en los estudios
sociales se denomina eclecticismo, es decir,
la combinación de categorías provenientes
de distintos marcos teóricos. Lo anterior no
permite superar las debilidades teóricas encontradas
en el análisis social, sino que por el contrario,
los reproduce bajo otras formas. Recurrir al eclecticismo
significa cerrar la puerta a uno o varios problemas
en la investigación que, por el contrario, deberían
quedar abiertos, es decir expuestos a la búsqueda
de una respuesta teórica apropiada
.
En
las páginas que siguen presentamos una propuesta
analítica e interpretativa diferente a la versión
oficial ofrecida durante el CPNS-95.
Al hacerlo quisiéramos señalar algunas
contradicciones conceptuales-metodólogicas a
partir de una serie de hechos históricos. Dentro
de ese contexto intentamos aproximarnos al estudio de
la formación y desarrollo del sistema capitalista
y el rol que le correspondió al imperio español
en este proceso productivo. Esta metodología,
permite comprender el contexto y proceso histórico
en el cual se desarrolla la ideología del conquistador
que más tarde llegaría a someter a las
diversas regiones del continente americano.
La Formación del Capitalismo
Históricamente,
el desarrollo del capitalismo ha ocurrido en etapas,
cada una de ellas caracterizadas por diferentes niveles
de madurez y reconocibles por sus diferentes formas
de manifestarse. Así, por ejemplo, Marx en su
paradigma teórico del materialismo histórico
nos habla de la acumulación originaria para referirse
a la etapa inicial o prehistoria del modo de
producción capitalista. Para que esto ocurra
es necesario observar dos importantes procesos:
a) La separación total de los trabajadores de
sus medios de producción herramientas,
equipos, etc. y su transformación en bienes
de capital;
b) La transformación de los propietarios de bienes
de producción en trabajadores asalariados. Los
sistemas sociales no existen en formas puras
en ningún período y es posible encontrar
una combinación de modos de producción
en donde uno actúa como dominante.
Mirado
desde esta premisa, el descubrimiento-
de América coincide con el proceso de disolución
del feudalismo y su correspondiente sistema productivo
y de relaciones sociales. Recordemos que el sistema
feudal se caracterizaba por sus relaciones de tipo servil
y una economía agraria y artesanal basada en
el intercambio de bienes y servicios. Alrededor de la
mitad de la Edad Media pagos en dinero se convirtieron
en el sistema común de las transacciones de la
época. Este sistema productivo y social alcanzó
su cúspide durante los períodos comprendidos
entre el siglo nueve y el once, donde una serie de factores
contribuyeron a su declinación. Analicemos brevemente
algunas de ellas y sus efectos en España para
observar la operacionalización de las categorías
conceptuales y metodológicas a partir del paradigma
del materialismo histórico.
Capitalismo
y Unificación Territorial
Debido
a su ubicación estratégica en el Mediterráneo,
España y Portugal fueron de las primeras regiones
en donde se comienza a producir una transformación
gradual del feudalismo, generando en su interior los
primeros albores de capitalismo. En ese sentido, los
reyes cristianos tomaron en sus manos la tarea de unificar
los territorios bajo el control de los árabes,
ayudados por un grupo de comerciantes que se beneficiaban
a través del Mediterráneo. Los sectores
ligados al comercio proporcionaron gran parte del financiamiento
requerido para la unificación, emergiendo en
la mayoría de ellos importantes sectores burgueses
pro industriales. Lo anterior explica que durante este
período dichos sectores obtuvieran una serie
de ventajas políticas, como la representación
en las Cortes (1238) y luego, en 1527 en las municipalidades
(Vitale: 1971:121).
El
origen del sector mercantil español se inicia
y se desarrolla a través de las relaciones comerciales
establecidas con las regiones del Atlántico Norte,
y varios puertos en el Mediterráneo Lisboa,
Marsella, Génova. Durante el siglo doce,
Barcelona se convirtió en el principal centro
de operaciones de las expediciones ultramarinas del
mundo antiguo. La dinámica alcanzada por el capital
comercial actuó, como un importante elemento
de transformación del sistema feudal a través
del financiamiento de nuevas industrias. Así,
durante el siglo quince 50,000 obreros trabajaban en
las industrias textiles en España. Más
aún, bajo el reinado de Carlos V, Sevilla tenía
15,000 telares y 130,000 trabajadores que suplían
tanto la demanda interna como externa (Ibídem
120).
Durante
el siglo quince el capitalismo observado en los diversos
territorios de Europa presentaba diferentes niveles
de desarrollo. Por una parte España había
demostrado su inhabilidad para transformar la fase comercial
en una industrial, tal como había venido ocurriendo
en las épocas anteriores. Por el contrario, después
de la consolidación de sus sectores comerciales
y el desarrollo del sistema mercantil, Francia e Inglaterra
iniciaron un proceso de industrialización que
les permitió aumentar sus fuentes de acumulación
de capitales, primero en sus respectivos países
y luego en los mercados externos. Lo anterior fue posible
debido a que la unificación de los territorios
tanto en Francia como en Inglaterra y otros países
europeos fue sólida, a través de
la alianza entre la burguesía y los reyes. La
unificación territorial fue seguida por medidas
políticas internas que aseguraron la consolidación
de la burguesía como clase dominante y la aplicación
de rígidas leyes proteccionistas orientadas a
salvaguardar la industria nacional, estimular la demanda
interna, y la expansión del mercado. En otras
palabras este proceso se convirtió en un mecanismo
para robustecer la etapa manufacturera, expropiar a
los trabajadores independientes de sus bienes de producción
y organizar una poderosa fuerza laboral asalariada,
situación que permitió abreviar la transición
del feudalismo al capitalismo (Le Riverend:1967:130).
El
proceso de unificación de los territorios españoles
fue diferente al del resto de Europa. En el caso de
esta nación el proceso fue sólo parcial
y territorial debido a la diversidad de intereses comerciales
en juego recordemos que la unidad territorial
de España se logró solamente en el año
1492, con la conquista de Granada. Durante la
reconquista las regiones ocupadas por los árabes
fueron distribuidas entre miembros de la nobleza y la
Iglesia, quienes continuaban operando como señores
feudales en vez de promover la industrialización,
tal como venía ocurriendo con el resto de los
países europeos. De esta manera se impuso una
poderosa pero improductiva burocracia, junto a un riguroso
sistema tributario para financiar el enorme presupuesto
militar, la administración imperial y a sus clases
parásitas la nobleza y el clero.
La alianza entre la Iglesia y el Estado, como dijéramos,
fue poderosa teniendo en el Islam un enemigo común.
El
descubrimiento de América, ocurrido el año
de la unificación territorial, acabó con
el desarrollo -industrial
--de
-España, acrecentó
el poder real al independizarse de los sectores comerciales
y proindustriales debido a la enorme cantidad de riquezas
y productos extraídos de las colonias americanas.
Este elemento otorgó al Estado español
un enorme carácter conservador en una época
de drásticos y dinámicos cambios sociales
y productivos. La ausencia de desarrollo industrial
de España termina de afianzarse cuando en el
mismo año 1492 se dicta el decreto de expulsión
de los judíos, privando al imperio de su sector
proindustrial más dinámico, de los cientistas
y comerciantes connotados
.
Los bienes y artículos manufacturados requeridos
por España y sus colonias comenzaron a ser adquiridos
en otros países europeos, a través de
los oficios comerciales de los italianos, quienes pasaron
a controlar dicho sector de la economía del imperio
español.
Financiamiento
de Expediciones Marítimas
Insistamos
en que España fue una de las primeras regiones
en donde el sistema feudal europeo comenzó a
evolucionar hacia un modo capitalista de producción,
a través de las relaciones comerciales establecidas
con otros puertos en el Mediterráneo, el Atlántico
Norte y el Medio Oriente. Durante el siglo doce y trece,
los comerciantes españoles habían establecido
importantes conexiones con otros centros mundiales de
la época, por lo que la tarea -de
-la -unificación
de -los -territorios
-y la industrialización
adquiría una primordial importancia. Estas relaciones
comerciales no pueden ser descritas como capitalistas
propiamente, pero contribuyeron a su formación
y expansión a través de la presión
que éstas pusieron sobre la industrialización
(la prehistoria del capitalismo).
El
floreciente sistema mercantil de la época, sin
embargo, comenzó a experimentar problemas debido
al rápido avance del imperio Turco, el cual paulatinamente
había ganado posesión de los territorios
controlados por el Imperio Árabe y anteriormente
por Egipto y Asia Menor. En 1453 los turcos se apoderan
de Constantinopla, el último bastión del
Imperio Romano, creando un gran problema comercial al
cerrar el tráfico marítimo entre el Mediterráneo
y el Atlántico, con la excepción de los
genoveses y venecianos. La crisis comercial e internacional
provocada por los turcos obligó al resto de las
naciones europeas que comerciaban por el Mediterráneo,
a financiar expediciones para encontrar rutas alternativas
para normalizar el comercio marítimo y obtener
nuevas riquezas para las cada vez más competitivas
naciones-estados de Europa. Estas expediciones fueron
financiadas por sectores ligados al comercio y grupos
de banqueros, quienes de simples prestamistas e intermediarios
mercantiles, se habían convertido en los financistas
más importantes de empresas comerciales y manufactureras
(Gilbert et al.,1979:17).
Con
la creación y establecimiento de sociedades comerciales
y financieras como la Liga Anseática, durante
el siglo quince se perfeccionó notoriamente el
sistema de transferencia de capitales y créditos
en Europa, originando no sólo una dinámica
actividad productiva y comercial, sino que también
una rápida evolución de sus poblaciones
y ciudades. Bancos como la Casa de San Jorge en Génova,
la Casa de Sorazo en Venecia y la Casa de Médicis
en Florencia, combinaban operaciones similares de compra
y venta de bienes y artículos junto al financiamiento
de nuevas empresas.
El
sector comercial español también se integró
a este proceso económico en expansión,
asociado con banqueros germanos y fundamentalmente genoveses,
interesados en encontrar una nueva ruta hacia Las Indias.
Contrario a las interpretaciones sensacionalistas de
los paparazzos de la academia, que enfatizan
el romanticismo y altruismo tanto de Isabel de Castilla
y Cristóbal Colón, esta empresa no habría
sido posible sin la participación de los banqueros
europeos. Las necesidades de continuar y expandir el
proceso de acumulación a escala mundial interrumpido
por los turcos, requería de la expansión
geográfica y reactivación de las actividades
comerciales y productivas europeas. Así, la expedición
que trajo a Colón a América fue financiada
por mercaderes españoles, quienes invirtieron
dos millones en oro, y de los cuales más de la
mitad provenía de un préstamo otorgado
por los empresarios agrupados en la Sagrada Hermandad.
El resto fue cubierto por el español Martín
Alonso Pinzón, el comerciante más rico
de Puerto de Palos. Algunos autores como Volodia Teilteibom
(1943) sostienen que la expedición de Colón
también fue financiada por los mercaderes genoveses
Di Negro y Georgia y el banquero florentino Juanoto
de Berardi.
La
expedición de Colón, sin lugar a dudas
representa la culminación de una de las más
exitosas inversiones comerciales y el comienzo de otras
empresas marítimas similares que inundarían
Europa de oro y plata, junto a productos y materias
primas que hicieron posible el desarrollo pleno del
capitalismo a través de su etapa mercantil y
más tarde, su fase industrial. Durante el mismo
período, en el año 1502, -los
portugueses, -navegando
hacia el sur del Atlántico, descubrieron nuevas
rutas para alcanzar las costas de África. El
comercio iniciado entre portugueses y las colonias africanas
originó fuertes crisis en las economías
venecianas y genovesas, al desplazar a los mercaderes
locales que realizaban labores de abastecimiento y transporte
de productos hacia Europa a través del Mediterráneo.
Así, el tráfico comercial que se establece
a partir del arribo de los portugueses a las regiones
de África, originó un rápido decaimiento
y deterioro económico de las ciudades italianas
en el Mediterráneo, las cuales, hasta ese momento,
habían mostrado un alto desarrollo comercial
dentro del proceso del capitalismo primitivo-mercantil
observado en Europa en ese período.
¿Quién
era el Conquistador?
Esta
pregunta elemental para entender la conducta y las motivaciones
del conquistador, en su propio contexto europeo, es
comúnmente rehuida por el estructuralismo, reemplazándola
por una narrativa descriptiva más que analítica.
Una de las mayores diferencias entre estos enfoques
eurocéntricos de -la
-academia -norteamericana
--y
-la -de
los -investigadores -latinoamericanos,
-es -que
los primeros separan los hechos políticos de
los económicos en aras de una supuesta especialización
analítica. Así, dichos estudios se realizan
en forma paralela y muy raras veces se juntan para dar
cuenta de algún fenómeno social. Este
reduccionismo histórico presenta sólo
una versión parcial de la totalidad del problema,
lo que lleva muchas veces a confundir el significado
de las acciones y sucesos que se intenta estudiar o
describir.
Para
responder a nuestra pregunta ¿Quién era
el conquistador? necesariamente debemos entender que
nos encontramos frente a un complejo y contradictorio
proceso histórico, que requiere ser analizado
en relación a las variables de tiempo y lugar
donde estos ocurrieron; insistamos, históricamente.
Pero el análisis de las relaciones entre el conquistador
y su misión no significa relativizar los hechos
históricamente observables, como las matanzas
de indios, tipos de religiones, culturas o sistemas
productivos, a simples formulaciones descriptivas o
narrativas, amparadas en una farisaica objetividad académica.
Tampoco significa acusar a España o Portugal
de crímenes de lesa majestad, sino entender que
ambos países fueron el instrumento del que se
valió el sistema capitalista durante su fase
mercantilista, o mejor dicho, en el período de
la acumulación originaria del capital, para muchos
considerada como el pecado original de la civilización
moderna.
La
Huella del Conquistador
Durante
muchos siglos, Gibraltar constituyó el único
centro geográfico de entrada y salida de las
numerosas expediciones que unían el Mediterráneo,
y por lo tanto Europa, con Asia y África-Mare
Nostrum. Así, España constituía
una especie de callejón en donde el tráfico
entre las diversas regiones del mundo de esa época
se iniciaban o terminaban, dando la impresión
-de --ser
-el -centro
-de -la
-tierra. La cultura de
lo que sería España se gestó, entonces,
basada en esta situación privilegiada de su ubicación
geográfica. Allí florecieron dos sectores
sociales: aquellos compuestos por iberos y los de las
regiones del Mediterráneo. Los primeros llegaron
a la península ibérica cerca de dos mil
años antes de Cristo y luego se juntaron con
los célticos alrededor del año 900 a.C.,
dando origen a la cultura celtibérica, profundamente
agraria y aislada en el interior. El sector mediterráneo,
por su parte, comenzó con los fenicios unos mil
años antes de Cristo, dando paso a una cultura
basada en el comercio exterior y abierta a otros mundos.
Los fenicios y luego los griegos establecieron centros
comerciales alrededor de lo que hoy se conoce como los
puertos de Cádiz y Málaga, observándose
un abierto contraste entre la región interior
y la Mediterránea.
Una
vez que los griegos abandonaron España, ésta
pasó a ser el foco de atención por parte
de Cartago, al igual que Roma, los dos imperios más
poderosos de la época. Vía el Mediterráneo,
--España
--se
-transformó -en
el trampolín indispensable para la conquista
de Europa por parte de los cartagineses comandados por
Aníbal. Las sucesivas victorias de los invasores
africanos convencieron a los romanos de la importancia
logística de conquistar España para detener
su avance. A partir del año 200 d.C. Roma se
transformó en el eje de la Península Ibérica
hasta antes de las invasiones musulmanas que concluyeron
con la conquista definitiva de España por parte
de los árabes, en el año 711 d.C. Sin
embargo la Península Ibérica era el granero
de Roma y la provincia más rica, leal y romanizada
del imperio.
La
descomposición del Imperio Romano, que durante
1000 años había dominado el mundo antiguo,
debilitó a España dejándola expuesta
a una ola de invasiones por parte de otros imperios
y civilizaciones. Este vacío fue llenado por
los bárbaros provenientes del Norte y los cristianos
desde el Este.
Los
primeros cristianos llegaron durante el primer siglo
de la era presente, seguidos por una ola de invasiones
-sdurante -el
-siglo -VI
por parte de los suevos, alanos y vándalos, provenientes
desde Galia y Germania. Una serie de conflictos entre
los nuevos invasores terminaron con los visigodos instalados
en el poder, cristianos de nombre, pero bárbaros
de hecho. En una verdadera -slucha
-en -contra
de las herejías que caracterizó a los
visigodos, el cristianismo continuó creciendo
y asentándose firmemente entre el pueblo, incluyendo
a mujeres que rehúsan el matrimonio para dedicarse
a la adoración de Cristo (Fuentes: 1992: 48).
Debido
a las múltiples guerras por la sucesión
al trono, los gobernantes visigodos comenzaron gradualmente
a relegar la administración pública en
la Iglesia, originando de este modo una continua intervención
de ésta en los asuntos políticos del Estado,
una característica que se asentó muy fuerte
en España y más tarde en América
Latina. A partir de la reunión del concejo católico
de Toledo, celebrado en el año 598, el rey Recaredo
convertido al catolicismo reafirmó
dicha religión como la oficial del imperio. De
acuerdo al mexicano Carlos Fuentes, el Obispo -de
-Sevilla, -Isidoro
el personaje español más importante
del período que va entre la caída de Roma
y la invasión árabefue el -elemento
-central -en
la restitución de la continuidad jurídica
y política tanto de la Iglesia como del Estado
español.
En
efecto, como resultado de la caída del imperio
romano y su correspondiente aparato burocrático,
los obispos se transformaron en los verdaderos administradores
del imperio, facilitado por la incompetencia y las crisis
que afectaban -a -los
-monarcas -godos
-en -el
poder. Utilizando esta ventaja, junto a su poder político,
el Obispo Isidoro decretó la unión del
Estado con la Iglesia Católica, donde el primero
se subordinaba a la Iglesia en materias espirituales
-y -la
-Iglesia -al
-Estado en asuntos de índole
secular. Sin embargo el nuevo orden también establecía
que tanto la Iglesia como el Estado podrían intervenir
en los terrenos del otro cuando fuera necesario, para
evitar que se produjera un vacío de poder. En
dos siglos de dominio visigodo se sucedieron treinta
reyes con sus correspondientes crisis, rivalidades y
matanzas internas, permitiendo que la Iglesia fuera
un actor permanente y muy influyente en los asuntos
públicos del imperio. Cerca de un siglo más
tarde España enfrentaría una nueva amenaza,
esta vez por parte del Islam.
Ocho
siglos después de la muerte del profeta Mahoma,
el islamismo alcanzó su cúspide religiosa
y política, conquistando Egipto, Túnez
y luego, en el año 698 expulsó a los bizantinos
de Cartago, el antiguo centro imperial de África
del Norte. En el año 711, Tarik, al mando de
un poderoso ejército invadió España
controlada por los godos, permaneciendo en la Península
Ibérica por casi ocho siglos
.
La
resistencia cristiana al Islam se organizó en
las montañas de Asturias y se expandió
hacia el resto de España a través de varios
siglos de confrontaciones militares. Las continuas crisis
y fragmentación del Estado musulmán en
diminutos reinos, permitió finalmente a los cristianos
derrotar a los moros en la batalla de Las Navas de
Tolosa en el año 1213, quienes se retiraron
y concentraron en la ciudad de Granada hasta 1492, cuando
fueron finalmente derrotados y expulsados por las fuerzas
militares del ya poderoso Imperio Español.
Durante
este período es posible observar una experiencia
intercultural interesante, en donde la división
entre cristianos y musulmanes no era muy clara. De este
modo existían los mozárabes cristianos
que adoptaron la cultura islámica sin convertirse
a esa fe, los mudéjares moros
que vivían como vasallos de los cristianos,
los muladíes cristianos que se convirtieron
al islamismo, los tornadizosmoros
convertidos al cristianismo y finalmente los enaciados
grupo que fluctuaba entre ambas religiones de
acuerdo a sus conveniencias. La influencia de
este contacto cultural se refleja incluso en el idioma
español, en donde un cuarto del vocabulario utilizado
contiene palabras de origen árabe. Sin embargo
por casi ocho siglos la España cristiana concentró
sus esfuerzos en combatir a los moros, un período
que la historia designa como La Reconquista.
El
Islam, basado en el concepto de jijad, aceptaba
la guerra santa, en donde el ascetismo religioso y la
guerra en contra del infiel eran componentes integrales
de la política islámica. En ese sentido
los moros combinaban una ferviente fe religiosa con
un alto espíritu guerrero que los hacía
temibles en los campos de batalla. La fe cristiana,
por su parte, no autorizaba a sus clérigos para
envolverse en actos bélicos y de violencia, pero
a partir del año 711 y como una medida de responder
a la invasión islámica, dio paso a la
militarización de la Iglesia. Según Carlos
Fuentes, en el siglo XI, los ejércitos
del norte de España estaban formados por grandes
cantidades de monjes que se habían transformado
en soldados. La identificación entre guerra y
religión, un factor extremadamente preponderante
durante la conquista de América, se gestó
entonces a partir de esta noción (Ibídem:63).
Órdenes
militares formadas por monjes y frailes militantes,
tales como las de Calatrava, Santiago y Alcántara,
fueron creadas para combatir a los moros, financiadas
y unificadas bajo el mando y control de la Monarquía.
Esta característica se afianza a través
de la creación de figuras religiosas como Santiago
Matamoros, inspirador de la resistencia popular en contra
de los árabes y quien profundizó la convicción
por la reconquista. En esta figura se combinan factores
espirituales -de -la
-fe y la guerra de los
cristianos, motivados por la creencia popular incorrecta
de que el apóstol Santiago era el hermano gemelo
de Cristo enviado a España, quién se había
convertido en un feroz guerrero en contra de los moros.
Así, si el apóstol Santiago estaba con
los españoles cristianos también lo estaba
Dios, otorgándole a la guerra de liberación
un carácter igualmente sagrado, como los musulmanes.
En
el año 1248 el rey Fernando III
capturó la ciudad de Sevilla, procediendo a expulsar
a cien mil moros que habitaban en ella, instaurando
una monarquía que perduraría por muchos
años y jugaría un rol central en la Reconquista
de España -y -el
-descubrimiento de América.
En una abierta lucha política de palacio en -contra
-de -Juana
-La -Beltraneja
nombrada heredera a la corona por Enrique IV
Isabel de Castilla, hermana del rey, fue impuesta como
reina gracias al apoyo decidido de la nobleza. Isabel
contrajo matrimonio con Fernando de Aragón en
1480, un acuerdo nupcial conveniente que permitió
la unificación de los importantes reinos de Castilla
y Aragón. A partir de ese momento se gestó
la misión final: conquistar el último
baluarte de los moros localizado en la ciudad de Granada,
meta que fue finalmente completada en 1492, el mismo
año en que Cristóbal Colón incorporó
América a la Corona española.
De
este modo España lograba su ansiada unidad, dando
origen a un poderoso imperio que se convirtió
en uno de los centros más importantes de Europa.
La unificación de sus territorios, la derrota
de los musulmanes, el descubrimiento de América
y la expulsión de los judíos, todas ellas
ocurridas en el mismo año 1492, originaron, contradictoriamente,
un relampagueante florecimiento de España, como
también el comienzo de su estancamiento dentro
del contexto del capitalismo mundial.
La
derrota y expulsión de los musulmanes era un
triunfo político-religioso no sólo para
el Imperio Español, sino que, al mismo tiempo,
para toda la Europa cristiana. En efecto la guerra había
sido realizada en -el -nombre
-de la cristiandad, por
tanto el triunfo de España fue interpretado como
el triunfo de esa religión. Desde un aspecto
místico, el descubrimiento de América
pasó a ser considerado como premio por parte
de Dios a los Reyes Católicos por su cruzada
en favor del cristianismo. Por esta razón la
Monarquía española y sus colaboradores
eclesiásticos pretendieron darle a la conquista
americana un carácter misional-religioso,
donde los objetivos materiales de la misma aparecían
como algo insignificante, o si se quiere, secundario.
De
acuerdo a Fernando Mires, este sentido misional se puede
apreciar claramente en el testamento de la Reina Isabel
La Católica:
Cuando
nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica
las islas y tierra firme del Mar Océano, descubiertas
y por descubrir, nuestra principal intención
fue al tiempo que los suplicamos al Papa Alejandro
IV, de buena memoria, que nos
hizo la dicha concesión, de procurar inducir
o atraer a los pueblos dellas, y convertir a nuestra
santa fe católica, y enviar a dichas islas
y tierra firme prelados, religiosos y clérigos
y otras personas doctas de Dios, para instruir a los
vecinos y moradores dellas a la fe católica.
. . (op. cit. 34).
El
nuevo mundo era entonces un premio divino entregado
a la Corona española a través del representante
de Dios en la tierra, el Papa Alejandro IV, como compensación
por las pérdidas sufridas por la Iglesia Católica,
debido al avance de las corrientes protestantes. El
cronista de la época, Fray Bernardino de Sahagún,
se convirtió en un incansable majadero acerca
de este último aspecto:
.
. .Y en estas tierras, y con esta gente, ha querido
nuestro Señor restituir a la Iglesia lo que
el demonio le ha robado en Inglaterra, --Alemania
--y
Francia, en Asia y Palestina, de lo que quedamos muy
obligados de dar gracias y trabajar en esta su Nueva
España
.
Este
contexto explica entonces que la conquista del continente
americano se iniciara enfocada desde dos puntos de vista:
uno religioso, orientado a la conquista de las almas
y el otro material, orientada a la conquista de las
riquezas y bienes materiales de sus habitantes. Sin
embargo, entre ambas no existía ninguna contradicción
política, económica o ideológica.
La
Estructura Social Española
Uno
de los problemas mayores en los análisis de la
España pre y post colombina, ha consistido en
explicar las conductas y acciones de los diversos segmentos
sociales que componían la rígida estructura
social del imperio. Las formulaciones analíticas
derivadas de la corriente estructural, funcionalista
y neopositivista no han sido las categorías más
apropiadas para examinar y comprender las clases sociales
e ideología imperante en España, para
entender el comportamiento de los conquistadores que
llegaron a las Américas. Lo anterior fue muy
evidente en las explicaciones de la mayoría de
los ponentes que participaron en el CPNS-95.
Las
dificultades provienen de la confusión o debilidad
analítica del concepto de clase social utilizada
por los funcionalistas. El concepto es muy ambiguo y
por tanto, puede tener diferentes significados. Debido
a la fuerte influencia de la corriente estructural-funcionalista
en las disciplinas sociales norteamericanas, un gran
número de investigadores asocian la clase social
con ingreso económico, status, prestigio, educación,
ocupación, entre otros. Como resultado se proponen
modelos que incluyen categorías designadas como
clases altas, clases medias y bajas, junto a un conjunto
de subcategorías, como clase media-alta o clase
media-baja, etcétera.
En esencia, la estratificación social, como se
denomina esta modalidad, corresponde a la desigualdad
social y que, según los funcionalistas, es algo
necesario debido a que cumple una función positiva
en el mantenimiento y sobrevivencia de una sociedad.
En efecto, la estratificación social motiva a
los individuos a trabajar duro y de este modo ser premiados
con una mayor compensación económica,
prestigio y poder. Este premio social depende de la
importancia de la ocupación o rol que la persona
desempeña y el entrenamiento y habilidades requeridos
por la profesión u ocupación. Por ejemplo,
un médico recibe una mayor compensación
social y económica que un recolector de basura,
porque su trabajo es más importante y requiere
un mayor entrenamiento y habilidades. Lo anterior permite
que el sacrificio individual promueva un tipo de movilidad
--social
--a
--través
--del
-sistema de estratificación
o clases de la sociedad
.
Este
tipo de análisis aplicado a las categorías
históricas del período pre y post colombino
en España nos pueden llevar a una confusión
y error analítico, al dar la impresión
de que cualquier ciudadano en el imperio podía
transformarse en un miembro de la nobleza si trabajaba
duro. Quizás este fue el pensamiento de los frailes
y -conquistadores -que
-llegaron a las Américas,
pero la realidad de la rígida estructura de clases
en la España precolombina muestra otra cosa.
De este modo requerimos de un marco referencial más
riguroso para comprender el comportamiento de los diversos
sectores de la sociedad española, tanto entre
las clases sociales como al interior de éstas.
Veamos esto con más detalle.
Uno de los ponentes del CPNS-95
presentó el siguiente esquema social de España
previo al período en que Hernán Cortés
comenzara sus incursiones en el Valle de México.

Resumiendo
la información, durante este período España
contaba con una población total de siete millones
de habitantes, donde 115 mil personas (1.64 %) pertenecían
a la aristocracia; 255 mil (3.65 %) a las clases medias;
y 6.630 millones (94.65 %) a las clases bajas. A partir
de estos datos es posible observar la estructura social
del imperio español, y tal vez formarnos una
idea general de la concentración y distribución
de la riqueza. Sin embargo este tipo de categorías
analíticas nos conducen a pensar, erróneamente,
que tanto Cristóbal Colón como Hernán
Cortés pertenecían al mismo nivel social
que el Obispo de Castilla o un Título de León
porque ambos conquistadores habían sido nombrados
miembros de la nobleza hidalgos por los
Reyes de España en pago a sus servicios a la
Corona.
Visto
desde una perspectiva diferente, podría argumentarse
que la estructura social de España al momento
de la Conquista estaba construida sobre dos mundos diferentes:
el- mundo -internacional
-y -su
-propio -mundo.
El primero era parte del futuro mientras que el segundo
pertenecía al pasado. En efecto, la afluencia
de oro, plata y otras riquezas provenientes de la mal
llamada Indias, acentuaron el marcado carácter
parasitario de las clases ociosas de España
.
Si
consideramos que del total de las riquezas que disponía
España durante ese período, un tercio
pertenecía a la Corona, otro tercio a la nobleza
y el tercio restante a la iglesia, no es difícil
identificar las barreras estructurales que le impedían
abandonar el pasado y lograr una acertada y visionaria
inserción en el futuro a través de la
generación de un modelo económico acorde
con la dinámica de la época (Vicens:1967:270).
Para
formarnos una idea de la concentración de la
riqueza en España durante ese período,
el investigador alemán Hans Jürgen (1978:61)
indicaba que de una población de casi 9 millones
de habitantes, ubicados en los reinos de Castilla y
Aragón, en el año 1542, se clasificaban
como sigue: 0.8 % pertenecían a la alta nobleza
y un 0.85 % a la aristocracia urbana. Estos grupos minoritarios
eran propietarios de más del 97 % del suelo de
la península.
La
irracionalidad del imperio español, basado en
profundas desigualdades, -tenía
-sus -orígenes
en la existencia de un rígido poder central ejercido
sobre clases muy desvinculadas entre sí, haciendo
prácticamente imposible cualquier tipo de movilidad
social. Las clases en sí mismas se estructuraban
en una serie de subclases internas, lo que no permitía
que éstas actuaran como tal, unidas, organizadas
y motivadas por intereses comunes. En esta nefasta diferenciación
interna se conjugan factores tanto religiosos ser
cristiano como biológicos, representado
por la herencia, es decir, poseer sangre limpia; en
otras palabras, no tener ascendencia judía o
musulmana. La pertenencia a una clase, entonces, se
presenta como un hecho predeterminado, anulando toda
posibilidad de un cambio social movilidad
en la rígida estructura que impera en España
durante este período.
En
ese sentido, la nobleza era el grupo más rígidamente
dividido, lo que explica las diferentes conductas de
sus miembros, incluyendo a aquellos que actuarían
como conquistadores del nuevo mundo. De acuerdo
a sus características, este estrato social se
componía de cuatro sectores radicalmente diferentes
entre sí: Los Grandes, Los Títulos, Los
Caballeros y Los Hidalgos.
Los
Grandes
Desde
un punto de vista económico este sector social
era el más poderoso. Al mismo tiempo era el grupo
de la nobleza más cercano a la Monarquía,
hasta el punto de ser considerado parte de ella. El
poder e importancia de este sector de la nobleza provenía
de los privilegios y beneficios obtenidos de la Corona,
lo que los transformaba en los más leales colaboradores
de los reyes, facilitando, de este modo, la adhesión
del resto de la nobleza. Al mismo tiempo que constituían
una base social de apoyo de la Monarquía, contribuían
a amortiguar las tensiones y conflictos con los poderes
locales, quienes frecuentemente cuestionaban el carácter
absolutista y divino de la autoridad de la Corona en
materias de tipo secular.
Al
margen de su carácter parasitario, esta fracción
de clase era notoria por su alto nivel de consumo de
artículos suntuarios y el derroche. A través
del consumo ostentoso, la economía se debilitaba
rápidamente, impidiendo que los excedentes económicos
se distribuyeran en tareas más productivas para
el imperio y sus respectivos sectores sociales. Este
sistema permitió que grandes sumas de los recursos
generados terminaran en manos extranjeras, paralizaran
la industrialización interna, preservando un
sistema feudal en un continente en donde el capitalismo
y la burguesía industrial avanzaban a un ritmo
vertiginoso.
Los
Títulos
Esta
fracción de clases se confundía a veces
con la de los Grandes. Sin embargo, cada Grande es un
Título, pero éstos últimos no tienen
cabida dentro de los primeros. En otras palabras, ser
Título es condición para la Grandeza,
pero no lo contrario.
A
diferencia de los Grandes, los Títulos no estaban
directamente vinculados a la Monarquía y su poderío
provenía de la posesión y propiedad territorial
más que de su cooperación con el poder
central. Desde el punto de vista económico también
compiten con los Grandes en el derroche y consumo ostentoso,
contribuyendo en la misma medida a dañar el patrimonio
nacional. Sin embargo la importancia de esta fracción
es también política, debido a que al estar
ubicados en diferentes regiones geográficas,
permiten compartimentar el reino a través de
diferentes unidades administrativas a cargo de estos
sectores, asegurando así la unidad territorial
del reino. Entre más centralista es el reino,
más requiere de poderes locales que sirvan de
vínculos entre las distintas regiones y el aparato
central. Esto explica que los poderes de este grupo
aumentaran durante los reinados de Carlos I de España
y luego con Felipe II, cuando el centralismo del imperio
alcanzó sus niveles más altos. (Chaunau:
1976: 239).
Los
Caballeros
Este
sector, evidentemente inferior a los restantes, representaba
al más vinculado al Estado corporativista. En
términos generales, es por medio de los Caballeros
que la nobleza puede existir como clase, debido a que
tanto los Grandes como los Títulos envían
a sus hijos a las ramas más prestigiosas del
ejército la caballería por ejemplo
mientras que los Caballeros esperan hacerlo en algún
momento. Llegar a ser un Caballero es algo con lo que
no se nace sino que es el producto de un esfuerzo riguroso
y continuo. Esto explica que en esta fracción
sea más evidente que en los otros dos grupos
un fuerte sentido de pertenencia a una clase social.
Similar
al Clero, los Caballeros se organizaban en órdenes,
cada una con sus respectivos reglamentos y rituales
basados en observaciones rigurosísimas de la
fe cristiana y de la raza. Llegar a ser miembro de una
Orden significaba alcanzar una elevada y prestigiosa
posición económica y social, como a la
vez participar en diferentes campañas que les
permitían aumentar sus riquezas materiales.
Las
Órdenes nobiliarias aparecieron durante la Edad
Media como organizaciones semi autónomas que
autosubsistían económicamente a través
de las acciones militares los antiguos señores
de la guerra pasando a formar parte del Estado
durante el reinado de Fernando el Católico. De
esta manera los Caballeros -se
-transformaron -en
la fracción de clase más fanática
de la Monarquía, es decir, los más realistas,
los más católicos y racistas de la nobleza
española; y tenían que serlo puesto que
en todos sus aspectos dependían del Estado (Mires:1986:
26).
Los
Hidalgos
Los
Hidalgos literalmente los hijos de algo
era la fracción más compleja de toda la
nobleza. A diferencia del resto de los nobles, ser un
Hidalgo estaba determinado fundamentalmente a partir
del linaje, un término muy confuso, pero
que significaba provenir de antiguas familias cristianas
en las que hubiera existido algún personaje importante
en el pasado. Del mismo modo que los Caballeros, los
Hidalgos debían proporcionar continuamente evidencia
de su linaje en contraste con los Grandes y los Títulos
que no necesitaban probar nada. Esta fracción
estaba compuesta por personajes dispuestos a hacer los
sacrificios más increíbles para servir
al Rey y a Dios con el fin de encumbrarse a la nobleza,
-de -acuerdo
-a -la
--mentalidad
-de la época.
En
un sentido estricto, los Hidalgos constituían
una fracción de clase representante del pasado
y que se oponía, casi sin darse cuenta, al nacimiento
del capitalismo, impulsada por la obsesión española
de acumular oro y riquezas para vivir en castillos señoriales
en calidad de miembros de la nobleza parasitaria del
Reino. Pero estas riquezas no provienen en el esfuerzo
del trabajo productivo, sino más bien de la aventura
y la rapiña, como ocurrirá en los nuevos
territorios conquistados. Así, en 1541, por ejemplo,
un 13 % de las familias del reino no pagaban impuestos
ni realizaban trabajos de ninguna especie (Ibídem).
Las
raíces de este comportamiento cultural se encuentran
en el sistema de estratificación étnico-social
de la época, en donde los diversos oficios se
realizaban con un notorio carácter racial o religioso.
Los moros son los que trabajan la tierra, desempeñan
oficios de zapateros, sastres, carpinteros, albañiles,
arrieros, etc. Los judíos eran artesanos, industriales,
comerciantes, médicos, boticarios y cientistas.
El cristiano, por su parte, era campesino y si no quería
ser identificado con los moros o judíos no le
quedaba otra solución que ingresar al Clero o
tratar de convertirse en Hidalgo. En otras palabras,
los cristianos pobres no eclesiásticos se dividían
en Hidalgos y en los que aspiraban a serlo. En ese sentido
es un error interpretar la hidalguía como una
característica propia de la cultura española
de la época; por el contrario, esta situación
era más bien el producto de una sociedad rigurosamente
dividida de acuerdo a factores sociales, raciales y
religiosos.
Entonces,
los Hidalgos eran parte de la nobleza, pero a la vez
no lo eran. Este fenómeno representa un forma
de vida que impregnaba todos los aspectos de la sociedad
española del siglo diesciséis y constituye
la mentalidad de la mayoría de los conquistadores
que arribaron a Las Indias, incluyendo a Hernán
Cortes. Estos son los ingredientes que permiten entender
la crueldad del conquistador, su sed por el oro, la
plata y otras riquezas materiales, como a la vez, el
profundo fanatismo religioso y desprecio por otras creencias
y culturas.
El
Sistema Clasista
del Clero
En
sentido estricto, Iglesia y Estado español no
pueden ser consideradas como entidades diametralmente
diferentes entre sí, ya que ambas eran componentes
de un mismo sistema socioeconómico. La Iglesia
es una parte constitutiva de España, jugando
un papel muy poderoso en la economía, la justicia,
la ideología y la política. En ese sentido
la Iglesia es parte del sistema imperante, en donde
el catolicismo constituye el centro de la ideología
política del Estado que permite al clero penetrar
con una enorme autoridad todos los niveles de la sociedad
española, especialmente en la economía.
Durante
el período de la Conquista de América,
los ingresos del clero alcanzaron cifras fabulosas.
Sin embargo existía una abierta discrepancia
entre las rentas recibidas por el alto clero con respecto
al bajo, una situación comparable a los Hidalgos
en el caso de la nobleza. Juan Reglá (1958) sostiene
que durante la crisis económica que afectó
las postrimerías del reinado de Felipe II
los clérigos, religiosos y seminaristas
se habían duplicado, por que no tenían
otro modo de vivir ni sustentarse.
Por
estas razones podemos afirmar que el clero constituía
una forma de clase social, debido tanto a sus formas
organizativas como a las funciones y significado político
y poder dentro del Estado, muy similar a la nobleza.
Como clase, entonces, no es extraño que apoye
a un sistema social, político y económico
del cual forma parte constitutiva y se beneficia tanto
material como espiritualmente al monopolizar el aparato
ideológico. Tampoco debe extrañarnos que
los clérigos españoles obedecieran espiritualmente
a Roma en la medida que no interfirieran con las fórmulas
políticas del Estado español a pesar
de que la mayoría de las veces eran similares.
De
esa España clerical, racista y nobiliaria provienen
los conquistadores, lo que nos permite entender sus
mentalidades y acciones. El noble o el fraile que llega
a América no es un personaje aventurero, -espiritual
-o -altruista
tal como suelen presentarlos los apologéticos
de la Conquista. Por el contrario, son personajes
ambiciosos, crueles, sedientos de poder y gloria, camuflados
con rosarios, sotanas, escritos eruditos, poemas, sacrificios
y otras hierbas. Los riesgos de los caballeros-curas-conquistadores
es algo calculado bajo las formas de reparto y apropiación
de las riquezas del continente. Las luchas que llevan
adelante en nombre de Dios y el Rey de España
se hacen al mismo tiempo que cuentan las monedas de
oro y plata que se embolsan. En ese sentido los conquistadores
religiosos y militares vienen con la intención
no sólo de enriquecerse, sino que, -a
-la -vez,
-cambiar de clase social.
Lo anterior sólo puede lograrse si le arrebatan
los bienes materiales y naturales de las comunidades
indígenas que poblaban el continente, a la vez
que los transforman en esclavos para obligarlos a trabajar
para ellos. Los escritos del defensor de los indios,
Fray Bartolomé de las Casas son, quizá,
la mejor evidencia de esta situación, cuando
en su Brevísima Relación de la Destrucción
de las Indias sostenía que:
Las
causas porque han muerto y destruido tantas y tales
e ta infinito número de almas los cristianos
han sido solamente por tener su fin último
el oro y henchirse de riquezas en muy breves -días
-y -subir
a estados muy altos sin proporción de sus personas
(T.1.:21).
Encuentro
versus Confrontación
Los
historiadores e investigadores estructuralistas frecuentemente
recurren al uso de conceptos sofisticados normalmente
inadecuados para referirse a hechos sociales que,
debido a la naturaleza confrontacional de sus categorías,
aparecen como muy conflictivos, ofreciendo explicaciones
suavizadas a acciones irracionales y violentas. Este
es el caso de términos tales como encuentro
cultural, diálogo cultural, capacidad negociadora
de los españoles, el nuevo mundo, centro y periferia,
acuñados por ciertos historiadores funcionalistas
norteamericanos para referirse a la relación
que se produce entre Europa y sus colonias, a partir
del mal llamado descubrimiento. El uso de dicha
conceptualización no sólo contiene una
alta connotación etnocéntrica, sino que
también esconde, tergiversa y diluye las innumerables
evidencias históricas del colonialismo y sus
efectos en el Continente.
De
partida digamos que el Continente Americano no fue descubierto
por los Europeos. En un sentido estricto deberíamos
decir que fue un encuentro casual, pero en gran
medida una confrontación violenta entre
culturas y pueblos. La cultura implantada por los españoles
y portugueses no podía mantenerse idéntica
a su tipo de origen. El simple transplante obligaba
a los europeos a modificarla para adaptarla a las nuevas
formas productivas y sociales para alcanzar sus metas
específicas acumulación de oro y
plata. La Conquista decapitó a las culturas
nativas: hizo desaparecer sus religiones, las artes,
la ciencia de los Mayas, de los Aztecas, de los Incas
y otras; destruyó -la
-escritura -de
-los -Mayas
y Aztecas. Sin embargo, y a pesar de todo, sobrevivieron
muchas tradiciones locales en la vida cotidiana y doméstica.
A partir de esta realidad se fusionaron innumerables
elementos europeos, más tarde africanos e indígenas,
que perduran hasta nuestros días, en todos los
rincones de nuestra cultura. Sin lugar a dudas estas
características no nos permiten hablar de un
encuentro, fundamentalmente debido al carácter
violento, la explotación y la rapiña que
caracterizaron a esta empresa colonial.
A
su arribo a América, los españoles ya
traían consigo una tradición de violencia
confrontacional, intolerancia y fanatismo cultural y
religioso, tal como lo mencionamos anteriormente. Recordemos
una vez más que en 1492 los Reyes Católicos,
Isabel de Castilla y León 1451-1504; y Fernando
de Aragón 1452-1516 reconquistan la ciudad de
Granada y con ello desaparece el último baluarte
de los moros, quienes se habían establecido en
la Península Ibérica en el año
711. Nótese que después de siete siglos
en la Península Ibérica aún continuaban
siendo considerados extranjeros
.
También
recordemos que ese mismo año los monarcas españoles
expulsan a los judíos y junto a ellos desaparece
el último vestigio de tolerancia religiosa, que
de una u otra manera había existido en la España
Medieval, hasta 1400. Posteriormente, en 1609 se expulsa
a los moriscos que conservaban la religión mahometana.
En nombre de Isabel de Castilla y León, Cristóbal
Colón descubre e inicia el encuentro
con los habitantes de Las Indias, como erróneamente
se denominara al continente.
Los
portugueses no son muy diferentes a los españoles,
con quienes comparten un proceso histórico similar
hasta el siglo doce, cuando forman su imperio. En ese
período se ocuparon y expulsaron a los moros
de las tierras que ocupaban desde el extremo sur hasta
Lisboa. En 1580 el reino portugués quedó
unido al de España, pero en el año 1640
recobró nuevamente su independencia. La historia
de la cultura portuguesa está muy vinculada a
la cultura española; en ese sentido la influencia
entre ambos imperios fue mutua. Después del viaje
en que Pedro Alvarez Cabral descubre Brasil en el año
1500, los portugueses intentan establecerse por primera
vez en esa región en el año 1503. Por
un largo período el continente americano les
interesó muy poco a los portugueses, ya que su
atención estaba centrada preferencialmente en
África, la India e Indochina, como a la vez las
islas del Océano Atlántico e Índico.
La expansión colonial del imperio portugués
en la región americana no se diferenció
en nada de las formas, características y métodos
utilizados por los conquistadores españoles.
En ese sentido tampoco es posible sostener la posibilidad
de un encuentro entre los nativos y los portugueses.
Similar a los españoles, también recurrieron
al genocidio de los indígenas, al pillaje y a
la esclavitud africana para lograr sus metas coloniales,
todos ellos elementos constitutivos de la conquista
europea del continente.
El
Nuevo Mundo
Las
regiones de América conquistadas por los españoles,
portugueses y franceses mal llamada Hispano América
abarcan hoy día 20 naciones y Puerto Rico, que
aún permanece bajo un status sui géneris,
conocido como territorio libre asociado con Estados
Unidos
.
Una de ellas, Brasil, la región con mayor extensión
territorial de la región, utiliza la lengua portuguesa;
otra, Haití, también colonia española
hasta 1697, cuando los franceses la ocuparon hasta 1791,
hablan el Creole, una variación del idioma francés.
El resto de las 18 naciones se comunican en el idioma
Español, incluyendo Puerto Rico.
Previo
al arribo de los conquistadores la situación
era diferente, lo que no significa decir que en el Continente
no existía, porque los europeos no estaban conscientes
de que existieran otras civilizaciones en esta y otras
regiones del planeta. Por el contrario, previo al descubrimiento
de Las Indias por los españoles, muchos años
antes de su arribo, existían culturas muy diversas
y bien establecidas -en
-los -diversos
-territorios de la región:
desde los Onas en el sur de la Patagonia, pasando por
las complejas civilizaciones Incas de los -Andes,
-los -Mayas
en Centroamérica, hasta los Aztecas en Norteamérica.
Además, importantes culturas habían existido
en las regiones de Yucatán, en Centroamérica
Guatemala y en la región de Tiahuanaco,
cerca del lago Titicaca, en Bolivia.
La
variedad de pueblos era enorme y se hablaban centenares
de idiomas. De acuerdo a las clasificaciones lingüísticas
propuestas por el filólogo Paul Rivet (1876),
existían 123 familias lingüísticas.
De esas, algunas componían una sola lengua como
la arauca en la región que hoy ocupa Chile, mientras
otras abarcaban docenas de lenguas como el caso de la
familia utoazteca o shone-azteca, que abarca 25 grupos
de dialectos utilizados en América Central, México
y el sur de Estados Unidos; la familia chibcha, en América
Central y Sudamérica; la familia Maya-Quiché
en México y en América Central, etcétera.
Es
difícil calcular el número de civilizaciones
que existieron en México y de cuándo datan.
De acuerdo a estudios científicos, se estima
que ellas habrían aparecido en los primeros años
de la era cristiana, es decir, cerca de tres milenios
atrás, alcanzando su máximo apogeo entre
el siglo siete y quince.
La
civilización de los Mayas y los Quichés,
en la Península de Yucatán y América
Central, también son muy antiguas y alcanzaron
su cúspide entre los siglos -seis
-y -quince
-d.C.; su esplendor se
puede apreciar a través de las majestuosas ruinas
y pirámides que aún permanecen como mudos
testigos de otras épocas. La ciudades y templos
religiosos de los mayas no eran todos contemporáneos,
y de acuerdo a las tradiciones de sus habitantes, se
iban abandonando unos tras otros debido a guerras, epidemias,
sequías, etc. Cuando llegaron los españoles,
las principales ciudades y templos estaban en ruinas
desde hacía mucho tiempo; después de la
Conquista se mantuvo una que otra; la última,
Tayasal, fue destruida en 1697.
Los
Mayas y Quichés desarrollaron conocimientos astronómicos
extensos y precisos, no superados en Europa antes del
siglo dieciséis, junto a avanzados métodos
matemáticos. Al principio de la era cristiana
inventaron el concepto cero y el principio de posición,
que facilitaron dichos cálculos matemáticos.
Lo mismo se puede decir acerca de la escritura, la cual
se originó de una forma ideográfica similar
a los jeroglíficos de los egipcios evolucionado
a formas fonéticas, es decir, la representación
convencional de los sonidos elementales del habla. Así,
conservaron por escrito sus tradiciones religiosas e
históricas y una vez que aprendieron el alfabeto
latino tradujeron sus obras, como el Popol Vuh,
el libro quiché sobre los orígenes del
mundo, el Rabi nal Achí, drama guerrero,
los libros mágicos llamados de Chilam Balam,
de origen yucateco, y muchas otras obras magistrales.
El
año 1492 divide la historia de las Américas
en dos partes. Por un lado los conquistadores europeos,
quienes con un etnocentrismo increíble hablan
del descubrimiento, del nuevo mundo, de
Las Indias, dando la impresión de que
el continente emergió a la historia con el arribo
de las fragatas españolas. El resto no existe,
como tampoco sus civilizaciones, sus religiones, sus
idiomas, sus ciudades y conocimientos científicos.
Sólo el Dios de los europeos es el verdadero,
se les impone una sola lengua, se les fuerza a convertirse
al cristianismo y a bautizarse para redimirlos del pecado
original, pero para alcanzar la salvación eterna
deben entregar todo el oro y la plata a sus redentores.
Por su parte 1492 significa para los habitantes de la
región el comienzo de un interminable calvario,
el cual sumiría a la mayoría del Continente
en un profundo subdesarrollo del que aún no es
posible reponerse.
Cinco
siglos no han pasado en vano y a pesar de la miseria,
pobreza y neocolonialismo de América Latina y
el Caribe, aún continúan sangrando sus
riquezas a los nuevos imperios a través de una
impagable deuda externa, sacrificando y explotando a
sus poblaciones del mismo modo que se hiciera en el
pasado. En este contexto vale preguntarse una vez más,
¿de qué tipo de civilización estamos
hablando?; ¿qué tipo de encuentro
cultural es el que nos enseñan en las academias
neocoloniales de los países desarrollados?; ¿es
posible someter a las nuevas generaciones -de
-latinoamericanos a la
amnesia histórica y olvidarse del pasado?
El
conocido escritor uruguayo, Eduardo Galeano (1993),
nos dice que en 1614 el arzobispo de Lima ordenó
quemar todos los instrumentos musicales de los indios
y prohibió todas sus danzas, cantos y ceremonias
porque en ellas tienen un pacto con el diablo.
Para despojar a los indios de sus bienes materiales
y la libertad se les despojó primero de sus símbolos
de identidad, con los cuales habían sobrevivido
mucho antes que pasaran a ser parte del nuevo mundo.
Sectas de frailes y funcionarios imperiales fanáticos
mataban a los indios en el nombre de Dios una coartada
celestial utilizada para arrebatarles sus tierras y
culturas.
El
Arzobispo y Premio Nobel de la Paz, el sudafricano Desmond
Tutu, elocuentemente se ha encargado de recordarnos
que:
Vinieron:
Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos
la tierra. Y nos dijeron: Cierren lo ojos y
recen. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían
la tierra y nosotros teníamos la Biblia.
Cinco
siglos más tarde, las naciones indígenas
que aún sobreviven a holocausto del encuentro
con sus conquistadores europeos en el nuevo mundo,
en una carta dirigida al Papa Juan Pablo II
por la Organización Indígena de los Andes,
durante su visita al Perú, le informaban:
Nosotros,
Indios de los Andes y las Américas, decidimos
usar esta oportunidad de la visita de Juan Pablo II
para devolverle su Biblia, porque después de
cinco siglos no nos ha traído amor, paz y justicia.
Por favor, tome su Biblia y désela a nuestros
opresores, porque ellos necesitan de sus preceptos
morales mucho más que nosotros. Desde la llegada
de Cristóbal Colón a las Américas,
una lengua, una cultura, una religión y valores
provenientes de Europa fueron impuestos sobre nosotros
a través de la fuerza. . .
La
carta de los indígenas al Papa viene a poner
de relieve la necesidad de un análisis político,
económico, social y cultural riguroso de los
sucesos históricos que ocurrieron en América
Latina bajo la hegemonía de los países
europeos. La realidad y las crisis que se observan en
el continente distan mucho de encontrar explicación,
ni mucho menos solución dentro de los parámetros
analíticos discutidos en estas páginas.
El investigador social tiene la responsabilidad de producir
información y análisis rigurosamente ajustados
a la veracidad de los hechos. De ahí la necesidad
de afinar las herramientas analíticas para evitar
situaciones como las denunciadas por los pueblos indígenas
del continente y que contradicen las explicaciones condescendientes
y apologéticas del turismo cultural y la academia.
La herencia Colonial está aún intacta
en la región, representada a través de
las enormes masas de pobres y desempleados, la miseria,
la falta de hogares, y los millones de latinoamericanos
que diariamente se disputan los desperdicios en los
basureros con cerdos y perros para alimentarse. Esa
realidad tan presente hoy día en nuestra América
está ahí, no para recordarla, sino para
continuar viviéndola.
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